Por Manolo Rodríguez / @tabdeportes / 21 de mayo de 2026
El sueño se terminó en California. Los San Diego Padres decidieron pasar la página y dejaron en libertad al infielder de esquinas José Miranda, cortando así su contrato de ligas menores con la organización. La noticia fue confirmada esta tarde por la sucursal Triple-A de los Frailes, poniendo punto final a una historia que comenzó con muchas ilusiones pero que terminó como tantas otras en el mundo del béisbol: sin pena ni gloria.
De promesa a descarte: el camino cuesta abajo de Miranda
Retrocedamos un poco. A mediados de diciembre, Miranda firmó con San Diego buscando ese golpe de suerte que todo pelotero veterano persigue cuando su carrera entra en terreno pantanoso. Y vaya que pareció encontrarlo. El infielder tuvo un Spring Training de campeonato, de esos que ponen a los directivos a sudar frío y a reconsiderar planes. Por momentos, lucía como un candidato real para arrancar la temporada con el equipo grande en el Opening Day.
Pero el béisbol, ya saben, no perdona. Los Padres optaron por otro camino y le dieron la oportunidad a Ty France, mandando a Miranda al Triple-A “para seguir trabajando”, esa frase elegante que en el fondo significa “no nos convenciste lo suficiente”. Y la decisión, hay que reconocerlo, ha sido un acierto para la directiva sandieguina. France les ha respondido bateando .278 con cuatro cuadrangulares entre nueve extrabases en 82 turnos al plato. Mientras tanto, allá en las menores, Miranda intentaba mantenerse a flote.
Los números que cuentan la verdad
A primera vista, los números de Miranda en Triple-A no lucían tan mal: un slash line de .268/.308/.482 con cinco vuelacercas en 120 apariciones al plato. Cualquiera diría que ese hombre merece otra oportunidad en Grandes Ligas, ¿no? Pues no tan rápido, mi hermano.
Resulta que esos números, vistos en el contexto de la Pacific Coast League (una liga conocida por ser un paraíso ofensivo donde la pelota vuela como cohete), son apenas mediocres. Y aquí está el punto crítico: el porcentaje de embasado. Miranda apenas ha negociado cuatro boletos en 28 partidos, ubicándose entre los 15 peores bateadores de la PCL en cuanto a llegar a base se refiere (con mínimo de 100 apariciones al plato). En el béisbol moderno, donde el OBP es oro puro, esa estadística es básicamente una sentencia de muerte deportiva.

El recuerdo de aquel 2022 que nunca volvió
Para quienes no lo recuerdan, Miranda fue una vez la joya de la corona en el sistema de los Minnesota Twins. Un prospecto top que prometía convertirse en pieza fundamental del lineup de Minneapolis. Y en 2022, durante su temporada de novato, parecía que iba camino a cumplir esas expectativas con un .268/.325/.426 y 15 jonrones. La cosa pintaba bonita.
Pero el cuerpo le falló. Una lesión en el hombro lo sacó de circulación durante buena parte de 2023, y aunque regresó en 2024 con números decentes (.284/.322/.441), nunca pudo recuperar ese fuego inicial. La temporada pasada fue un desastre absoluto: pasó la mayor parte del año en Triple-A bateando un anémico .195/.272/.296, lo que llevó a los Twins a sacarlo definitivamente del roster al finalizar la campaña.
¿Hay futuro para Miranda?
La gran pregunta ahora es: ¿qué le espera al pelotero de 27 años? Pues miren, en este negocio nunca se cierra una puerta sin que se abra otra. Miranda debería conseguir una nueva oportunidad de contrato de ligas menores en los próximos días. Tiene a su favor una combinación interesante de contacto y poder, esa cualidad que siempre llama la atención de los buscadores de talento.
El problema, y aquí está el meollo del asunto, es que Miranda viene cargando con dos lastres pesados: un enfoque demasiado agresivo en el plato que le impide caminar y trabajar conteos, y una defensa cuestionable en ambas esquinas del infield. Este año ha jugado mayormente en primera base, pero ni ahí ha logrado convencer con el guante.
En un béisbol moderno donde los equipos buscan bateadores que se embasen y defensores versátiles, Miranda representa exactamente el perfil que las organizaciones están tratando de evitar. Pero ojo, el talento ahí está. Si logra ajustar su enfoque ofensivo y un coach lo trabaja en la defensa, aún podría escribir otro capítulo en su carrera. El béisbol está lleno de historias de jugadores que renacieron cuando nadie daba un peso por ellos.
Por ahora, Miranda agarra sus maletas y se va de San Diego con la lección aprendida: en este deporte, un buen Spring Training no te garantiza absolutamente nada. La pelota sigue siendo, como decimos por aquí, redonda y caprichosa.