Por Manolo Rodríguez / @tabdeportes / 21 de mayo de 2026

Hay noticias que se sienten como un golpe en el estómago, y esta es una de ellas. José “La Makina” Berríos, el boricua más durable que ha tenido la rotación de los Azulejos en la última década, pasó por el quirófano del Dr. Keith Meister en Texas el pasado miércoles y salió con el peor diagnóstico posible: Tommy John completa. Se acabó. La temporada 2026 quedó enterrada antes de empezar, y buena parte de la 2027 también se va por el mismo desagüe.

El dirigente John Schneider lo dijo sin maquillar nada: “Apesta para él, apesta para nosotros”. Y vaya que sí. Porque la historia detrás de esta cirugía es de esas que ni en una novela se inventarían.

DEL CLÁSICO MUNDIAL AL QUIRÓFANO: UN GIRO INESPERADO

Préstele atención al detalle, porque aquí está la parte más loca de todo este enredo. Berríos llegó a los entrenamientos primaverales sintiéndose como nuevo, sin un solo dolor, listo para representar a Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol. Pero cuando fue a tramitar el seguro médico para el torneo, se lo negaron. Eso obligó a los Azulejos a mandarle un MRI de rutina, y ahí apareció lo que nadie esperaba: una fractura de estrés en el codo derecho. Sin síntomas. Sin dolor. Sin nada.

Esa fractura terminó comprometiendo el ligamento, y cuando el Dr. Meister entró pensando en hacer una limpieza menor para sacar cuerpos sueltos del codo, se encontró con que el daño ligamentario era real. No hubo opción: Tommy John completa.

“El hueso en el codo estaba sobre el ligamento. No es lo ideal”, confesó Schneider. “Decidimos que si entraban y veían que estaba comprometido, lo arreglaban. Lo estaba. Va a estar fuera entre 12 y 14 meses”.

Traducción para los fanáticos boricuas que están sufriendo en este momento: el mejor escenario realista para ver a Berríos lanzar otra vez en Grandes Ligas es alrededor del Juego de Estrellas de 2027, y eso siendo optimistas. El recovery típico de un Tommy John completo puede extenderse hasta 18 meses.

EL GOLPE FINANCIERO QUE NADIE ESTÁ HABLANDO

Aquí es donde la cosa se pone interesante desde el punto de vista económico. Berríos firmó en 2021 una extensión de siete años por $131 millones con Toronto, y dentro de ese contrato había una cláusula que le permitía salirse después de 2026 dejando $48 millones sobre la mesa ($24 millones por temporada en 2027 y 2028).

Antes de esta cirugía, la conversación giraba en torno a si Berríos optaría por probar el mercado libre o quedarse con la seguridad del dinero garantizado. Ahora esa conversación se evaporó. Es matemática pura: ningún lanzador en rehabilitación de Tommy John va a renunciar a $48 millones garantizados para apostar en agencia libre.

Toronto, por su parte, queda atrapado pagando $24 millones por temporada a un brazo que no puede tirar ni un bullpen ligero. Es el peor de los mundos para ambas partes.

LA ROTACIÓN DE LOS AZULEJOS ES UN HOSPITAL

Si pensaban que la situación de Berríos era el único dolor de cabeza en Toronto, agárrense bien. La rotación de los Azulejos parece una sala de emergencias del Centro Médico. Bowden Francis ya estaba operado de Tommy John desde febrero. Max Scherzer apenas ha hecho cinco aperturas por problemas en el antebrazo y tobillo. Shane Bieber sigue rehabilitándose. Trey Yesavage, la sensación novato del pasado postemporada, se perdió el primer mes con un impingement en el hombro derecho. Y Cody Ponce también está en la lista de lesionados.

El equipo arrancó la temporada con ocho abridores en papel y hoy está sobreviviendo con cuatro brazos saludables. El resultado es predecible: 21-27 de récord y 11 juegos y medio detrás de los Rays en el Este de la Americana. De campeones de Liga el año pasado a estar peleando para no irse al sótano.

EL DOLOR DE PERDER A “LA MAKINA”

Para quienes no entienden el peso emocional de esta noticia, déjenme explicárselos. Berríos no es un lanzador cualquiera. Desde 2018 hasta 2024, hizo 32 aperturas cada temporada completa (más 12 en la pandemia del 2020). Era un reloj suizo, una máquina, literalmente. Por eso le pusieron ese apodo. Nunca había estado en la lista de lesionados como ligamayorista hasta finales del 2025.

Y ahora, en el momento donde Puerto Rico se preparaba para verlo brillar en el Clásico Mundial, donde Toronto necesitaba desesperadamente su estabilidad, donde su carrera estaba a punto de tomar una decisión millonaria, todo se derrumba por un descubrimiento accidental en un examen rutinario.

El propio Schneider lo resumió mejor que nadie: “Es raro no tenerlo. Estábamos esperando que volviera a la normalidad, y él también lo esperaba. Es definitivamente raro y frustrante para él también”.

Para Toronto, esto no es una crisis. Es un desastre total. Y para el fanático boricua, es ver cómo a uno de los suyos, en pleno pico de su carrera, le tocó el peor escenario imaginable. El béisbol, a veces, es cruel sin razón aparente.

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