PITTSBURGH – Hay historias que el béisbol escribe solo. La de John “The Candy Man” Candelaria es una de ellas, y este domingo tuvo su capítulo más emotivo en el PNC Park, donde los Piratas de Pittsburgh lo recibieron para celebrar el aniversario 50 de su no-hitter contra los Dodgers de Los Ángeles. Como parte del homenaje, el propio Candelaria realizó el lanzamiento de honor antes del primer pitcheo del partido.
El 9 de agosto de 1976, en el Three Rivers Stadium, el zurdo de padres puertorriqueños dominó a los Dodgers con 101 lanzamientos para completar un blanqueo de 2-0 sin permitir imparables, el primer no-hitter lanzado en Pittsburgh en décadas. Esa hazaña es parte de las credenciales que también lo llevan a la Clase 2026 del Salón de la Fama de los Piratas.

El Otro Uniforme de Piratas que Vistió Primero
Lo que muchos fanáticos en Pittsburgh no conocen es que Candelaria ya sabía lo que era ser Pirata antes de llegar a las Mayores. Vistió la camiseta de los Piratas de Quebradillas en el Baloncesto Superior Nacional de Puerto Rico, en plena era dorada del quinteto corsario junto a la leyenda Raymond Dalmau, cuyo nombre lleva hoy el coliseo donde juega la franquicia.
Su talento en el tabloncillo era tal que tuvo la oportunidad de integrar la selección nacional de baloncesto de Puerto Rico rumbo a la Olimpiada de Múnich. Pero el 15 de agosto de 1972 tomó la decisión que cambiaría su vida: cambió la camisa de los Piratas de Quebradillas por la franela de los Piratas de Pittsburgh, luego de que la organización lo seleccionara en la segunda ronda del sorteo de novatos ese mismo junio. Un detalle poético que solo el deporte puede regalar: pasó de Pirata a Pirata.
Orgullo en Quebradillas
TAB Deportes conversó con el gerente general de los Piratas de Quebradillas, Jaime Pares, sobre lo que representa este homenaje para el pueblo corsario y su fanaticada.

“Es un motivo de muchísimo orgullo”, expresó el directivo, quien destacó que ver a Candelaria recibir un reconocimiento de esta magnitud “demuestra que la historia de los Piratas de Quebradillas trasciende nuestro deporte y nuestras fronteras”. Describió la conexión entre ambas organizaciones como “un vínculo muy especial entre dos organizaciones que comparten el mismo nombre y una tradición de orgullo, compromiso y pasión por representar a sus respectivas comunidades”.
El gerente general fue más allá y le entregó el homenaje directamente a la afición. “Este homenaje también les pertenece a ellos, porque forma parte de la historia deportiva de Quebradillas de Puerto Rico”, afirmó, recordando que la franquicia “ha sido parte del camino de figuras que alcanzaron la grandeza”.
Un Reconocimiento en el Raymond Dalmau
Sobre la posibilidad de honrar a Candelaria dentro del Coliseo Raymond Dalmau, la gerencia no cerró la puerta. Todo lo contrario.
“Definitivamente es una figura que merece nuestro reconocimiento”, señaló el directivo, subrayando que la aportación del Candy Man a Quebradillas y su extraordinaria carrera en las Grandes Ligas “son motivo de orgullo para todos nosotros”. Añadió que la organización siempre está abierta a evaluar iniciativas que honren a sus leyendas y que “conversaciones como esta nos motivan a seguir encontrando maneras de reconocer ese legado dentro de nuestra organización y en el Coliseo Raymond Dalmau”.
El directivo también habló de la responsabilidad de preservar esa memoria para las nuevas generaciones. “No podemos hablar del presente ni del futuro sin reconocer a las personas que ayudaron a construir la identidad de esta franquicia”, puntualizó, indicando que esa historia se mantiene viva “contando sus historias, resaltando sus logros y creando espacios para que los jóvenes entiendan el valor de quienes nos precedieron”.
Cincuenta años después de aquella noche mágica en el Three Rivers Stadium, el Candy Man sigue endulzando la historia de dos pueblos piratas separados por el mar, pero unidos por un mismo nombre y un mismo orgullo.