Había una vez un equipo que tenía todo para hacer historia… y lo hizo, pero de la peor manera posible. Los Orlando Magic dijeron adiós a su entrenador Jamahl Mosley este lunes, un movimiento que llevaba semanas cocinándose a fuego lento y que finalmente explotó tras uno de los colapsos más vergonzosos en la historia reciente de los playoffs de la NBA.
La historia es tan dolorosa que cuesta escribirla. Orlando llegó a los playoffs como el octavo sembrado del Este, nadie los daba ni un centavo, y sin embargo se plantaron frente a los Detroit Pistons —el mejor equipo de la conferencia con 60 victorias en temporada regular— y los pusieron contra las cuerdas con un 3-1 en la serie. Tres oportunidades para cerrar el partido. Tres oportunidades para sellar uno de los upsets más grandes de la historia reciente. Y tres fracasos consecutivos que dejaron a Orlando fuera de los playoffs por tercera primera ronda seguida.
Pero si hay un momento que define esta eliminación, un momento que quedará grabado en la memoria colectiva de los aficionados de la magia de Florida, es lo que ocurrió en el Juego 6. Los Magic llegaron a tener una ventaja de 24 puntos en la segunda mitad, jugando en casa, con su afición enfervorizada y con el pase a la siguiente ronda al alcance de la mano. Lo que pasó después es casi incomprensible: Orlando se fue en blanco durante 23 tiros consecutivos. Veintitrés. No es un error de tipografía. Veintitrés canastas fallidas seguidas mientras Detroit los despedazaba y se llevaba el partido. La hinchada que antes rugía terminó abucheando a su propio equipo cuando el pitido final selló la derrota.
Ese fue el momento que firmó la sentencia de Mosley, aunque el Juego 7 en Detroit el domingo fuera el que cerró oficialmente el ataúd. Los Pistons ganaron con comodidad lejos de casa y los Magic hicieron las maletas para irse a casa antes de lo que cualquiera hubiera imaginado después de tener ese 3-1.

Lo que hace todo esto todavía más amargo es que los Magic llegaron a esta temporada con expectativas enormes. Habían adquirido a Desmond Bane en un intercambio considerable y se les colocaba como serios contendientes al título de la Conferencia Este. Nada de eso se materializó. La temporada regular fue irregular, y aunque lograron colarse a los playoffs por la puerta trasera —ganando el partido de play-in ante Charlotte tras perder primero contra Filadelfia—, el sabor que dejó fue agridulce en el mejor de los casos.
El problema de fondo ha sido uno que persiguió a Mosley durante toda su etapa: un ataque de media cancha estancado, predecible y sin creatividad. Los Pistons lo sabían, taparon la pintura y desafiaron a los tiradores de Orlando a vencerlos desde el perímetro. La respuesta fue silencio. Fuera de los esfuerzos individuales de Paolo Banchero —quien marcó 45 puntos en el Juego 5 y 38 en el Juego 7 en un intento heroico por salvar la serie— el ataque colectivo de los Magic fue un desastre en los momentos cruciales.
Los Magic no han avanzado más allá de la primera ronda desde el año 2010, y Mosley no pudo romper esa maldición en cinco temporadas al mando del equipo. Su registro final fue de 189 victorias y 211 derrotas, lo que lo convierte en el tercer entrenador más ganador de la franquicia, pero en el mundo del deporte profesional los números de por sí nunca cuentan toda la historia.
La situación dentro del vestuario tampoco pintaba bien. Medios cercanos al equipo reportaron turbulentas internas, y fuentes señalaban que al menos una estrella del equipo había presionado a la directiva para que pusiera fin a la era Mosley, incluso amenazando con pedir un traspaso si el entrenador seguía en el cargo. Cuando el capitán del barco pierde el apoyo de la tripulación, las aguas se ponen muy complicadas.
El presidente de operaciones de baloncesto, Jeff Weltman, despidió a Mosley con palabras cordiales —como manda el protocolo—, agradeciéndole su liderazgo y deseándole lo mejor. Pero entre líneas, el mensaje era claro: Orlando necesita una voz nueva, una perspectiva diferente, alguien que pueda desbloquear el enorme potencial de una plantilla joven y talentosa con Banchero, Franz Wagner —quien se perdió los últimos tres juegos por lesión— y Anthony Black como piezas centrales.

El futuro inmediato no está libre de obstáculos. Los Magic tienen una situación financiera compleja que se complica con las extensiones máximas ya entregadas a Banchero y Wagner, lo que los acerca peligrosamente al segundo techo de gasto de la liga. Encontrar al entrenador correcto que pueda maximizar este grupo sin doblar la masa salarial será la misión del verano en Orlando.
La magia se apagó esta temporada de una forma que nadie quería ver. Ahora toca reconstruir, reinventarse y encontrar la fórmula que por fin lleve a los Magic más allá de esa primera ronda que se ha convertido en una pared imposible durante los últimos 16 años. El próximo capítulo está por escribirse.
Escrito por Manolo Rodríguez / @tabdeportes
4 de mayo de 2026