Escrito por Manolo Rodríguez / @tab.cars · 4 de septiembre de 2026
El 10 de febrero de 2022, el buque Felicity Ace zarpó de Alemania cargado con 3,965 autos de lujo rumbo a Estados Unidos. Ninguno llegó a su destino. Hoy, ese cargamento (valuado entre 401 y 438 millones de dólares) descansa a más de 3,000 metros bajo el Atlántico, en uno de los naufragios más costosos de la historia automotriz reciente.
El incendio que nadie pudo apagar
Seis días después de zarpar, a unas 90 millas náuticas de las islas Azores, el barco reportó fuego a bordo. Los 22 tripulantes fueron evacuados sin heridos, pero el incendio se mantuvo activo casi dos semanas, complicado por las baterías de litio de los autos eléctricos que viajaban en las bodegas inferiores.
El 25 de febrero, durante las maniobras de remolque hacia tierra firme, el barco perdió estabilidad. El 1 de marzo de 2022, el Felicity Ace se hundió por completo.

¿Quién perdió qué?
El manifiesto de carga y reportes posteriores de las marcas dibujaron el tamaño real del golpe:
- Audi: cerca de 1,944 unidades, incluyendo modelos e-tron eléctricos.
- Porsche: más de 1,100 unidades de sus plantas en Zuffenhausen, Leipzig y Bratislava.
- Volkswagen: alrededor de 561 unidades, entre ellas ID.4 de prueba y modelos destinados a México y Sudamérica.
- Bentley: 189 unidades, un golpe severo para una marca que ese año produjo apenas poco más de 14,600 autos en total.
- Lamborghini: 85 unidades.
También viajaban autos privados usados (un Honda Prelude SiR de 1996, un Porsche Cayenne 2015, hasta un BMW 750i 2007) y tractores agrícolas, prueba de que el barco era, literalmente, un contenedor gigante de vidas ajenas.
El dato que más duele: el “último V12” tuvo que nacer dos veces
Aquí está la parte que todo fanático de los superdeportivos necesita conocer. Entre los 85 Lamborghini a bordo iban 15 unidades del Aventador LP 780-4 Ultimae, la edición final del Aventador con el V12 atmosférico de 6.5 litros y 769 hp, el motor de 12 cilindros sin turbo más potente que la marca haya construido. Ese Ultimae ya representaba el adiós oficial al V12 puro: solo 350 coupés y 250 roadsters, todos vendidos de antemano.
El problema es que, para cuando el barco se hundió, Lamborghini ya había cerrado la línea de producción del Aventador. Moldes, cadena de montaje y logística de piezas estaban siendo desmantelados.

Y aun así, la marca de Sant’Agata Bolognese hizo algo poco habitual: reabrió la línea de ensamblaje solo para reconstruir esas 15 unidades perdidas. El propio CEO, Stephan Winkelmann, lo confirmó ante la prensa: reactivar toda la cadena de suministro para volver a fabricar un motor ya descontinuado fue, en sus palabras, un esfuerzo enorme.
El resultado es tan irónico como fascinante: Lamborghini terminó construyendo dos veces el “último Aventador V12 de la historia”. El primero salió en 2022, antes del hundimiento. El segundo, ahora sí definitivo, un Aventador LP 780-4 Ultimae Roadster en azul claro Ad Personam para el mercado suizo, salió de fábrica en septiembre de 2022, cerrando 11 años de producción y 11,465 unidades desde 2011.
Un detalle extra: entre los clientes afectados estuvo el youtuber conocido como Exotic Car Hacks, quien perdió tres autos en el naufragio, incluido un Aventador Ultimae. Lamborghini se lo construyó de todas formas.
Fuego, baterías y un antecedente que se repite
Una de las teorías más discutidas sobre el origen o la propagación del incendio apunta a las baterías de litio de los vehículos eléctricos almacenados en las cubiertas bajas, un caso que la industria naviera sigue citando al debatir el transporte de autos eléctricos. El barco también llevaba unas 2,000 toneladas de combustible y 2,000 toneladas de aceite, lo que activó un operativo de monitoreo ambiental por parte de la fuerza aérea y la marina portuguesas.
No fue la primera vez que el Grupo Volkswagen enfrentaba algo así. En 2019, el buque Grande America se hundió con más de 2,000 vehículos de lujo a bordo, incluidos Audi y Porsche.
Veredicto TAB
Para la comunidad latina que sigue de cerca el mundo automotriz, el caso Felicity Ace es más que una curiosidad marítima: es un recordatorio de lo frágil que puede ser la cadena logística detrás de cada auto que llega a un concesionario en Estados Unidos. Porsche, Volkswagen y Lamborghini confirmaron que reemplazarían sin costo adicional cada unidad ya vendida, aunque eso significó meses extra de espera en plena crisis de semiconductores. Y en el fondo del Atlántico sigue reposando, entre casi 4,000 autos, la primera versión de “el último V12 puro” que Lamborghini tuvo que fabricar por partida doble.


